4 DE AGOSTO DE 1976: ASESINATO DE MONSEÑOR ENRIQUE ANGELELLI.

Enrique Ángel Angelelli nació en Córdoba el 17 de julio de 1923, hijo de inmigrantes
italianos, fue un obispo de la Iglesia Católica argentina, asesinado en La Rioja durante el
autodenominado "Proceso".

Ingresó al Seminario de Loreto a los 15 años. En 1947 terminó sus estudios en el Colegio
Pío Latino de Roma, donde fue ordenado presbítero en 1949, a los 26 años. Continuó sus
estudios de licenciatura en Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana.
En 1951, de regreso a Córdoba, es nombrado vicario cooperador de la parroquia San José
de barrio Alto Alberdi y capellán del Clínicas. Visita las villas miserias de Córdoba y actúa
como asesor de la Juventud Obrera Católica, con sede en la capilla Cristo Obrero. Fue
profesor de Derecho Canónico y Doctrina Social de la Iglesia en el Seminario Mayor y de
Teología en el Instituto Lumen Christi.

El Papa Juan XXIII lo nombró obispo auxiliar de la arquidiócesis de Córdoba en 1960. Fue
rector del Seminario Mayor y como obispo auxiliar se involucró en los conflictos sociales
(Fiat, IME, Municipales), pero fue resistido por el conservadurismo eclesial. En 1963
convoca a campañas de solidaridad para mitigar el abandono de los desposeídos.
En octubre de 1962 participó de la primera sesión del Concilio Vaticano II y de las dos
últimas sesiones (1964/1965). En 1964, en el marco de los cambios conciliares, se producen
tensiones en la Iglesia cordobesa a consecuencia de la publicación de reportajes a los
sacerdotes Vaudagna, Gaido, Dellaferrera y Viscovich. Angelelli apoyó las posiciones
renovadoras, lo que originó su exclusión del gobierno eclesiástico, pasando a desempeñarse como capellán de las religiosas Adoratrices Españolas en Villa Eucarística.
En 1965 el titular de la arquidiócesis, Raúl Primatesta, restituye como auxiliar a Angelelli.
En agosto de 1968 asume como obispo de la diócesis de La Rioja, designado por el Papa
Pablo VI. Parecía el camino al ostracismo, pero se transformó en la misión sacerdotal que
movilizó a amplios sectores riojanos sumidos en la exclusión social a promover cooperativas
de campesinos y alentar la organización sindical de los peones rurales, los mineros y las
empleadas domésticas.

Angelelli colaboró en ello, así como en la formación de cooperativas de trabajo, de telares,
fábricas de ladrillos, hornos panaderos. Una de estas cooperativas solicitó la expropiación
de un latifundio que había crecido a través de la apropiación de pequeñas parcelas porque
sus propietarios no podían pagar sus deudas. El entonces gobernador Carlos Menem
prometió que iba a transferir dichas tierras a la cooperativa, diciendo “Síganme que no los
voy a defraudar”.

El Cura Angelelli colabora en la formación de cooperativas para los más humildes.

En junio de 1973 Angelelli fue a Anillaco, ciudad natal de Menem, para presidir las fiestas
patronales de ese pueblo. Lo recibió una patota integrada por comerciantes y terratenientes,
entre ellos Amado Menem, hermano del gobernador, y sus hijos César y Manuel. La patota
entró a la fuerza a la iglesia, y cuando Angelelli suspendió la celebración y salió de allí, ellos
lo apedrearon.

Anuladas por el Congreso de la Nación, a instancias de Kirchner, las leyes que consagraban
la impunidad, en el 2005 se reabrió la investigación judicial. En abril de 2009 se realizó una
necropsia. El informe médico legal ratificó que la causa de la muerte fueron las múltiples
fracturas de cráneo. Añadía una información que la prensa monopólica pretendió manipular
para negar el homicidio. Al descartarse la presencia de proyectiles de armas de fuego,
aspecto que nunca estuvo mencionado con evidencias en la causa, se quería abonar la tesis
de un simple accidente vial, descartando la intencionalidad del atentado.
El cuerpo de Monseñor Angelelli yace sobre el pavimento después del "accidente
automovilístico" . En el 2010, en el Centro Tiempo Latinoamericano de Córdoba, la sobrina de monseñor María Elena Coseano, el obispado de La Rioja, las secretarías de Derechos Humanos de la
provincia y de la Nación y Arturo Pinto, como víctima sobreviviente, se constituyeron en
querellantes en el juzgado federal de La Rioja. En la presentación se resumió el relato varias
veces repetido por el P. Arturo Pinto, único testigo directo, mencionando que la camioneta
que manejaba Angelelli fue encerrada bruscamente por un Peugeot 404, en una maniobra
que provocó el vuelco. Y se solicitó la imputación de 14 militares y policías, encabezados
por el dictador Jorge Videla y el entonces comandante del 3er. cuerpo de ejército, Luciano Benjamín Menéndez, como responsables mediatos del crimen para que finalmente se llegue a la condena de los asesinos.

Después de la muerte de Angelelli, la Iglesia Católica aceptó la "historia" del accidente
automovilístico Aramburu negó que fuese un crimen. Diez años más tarde, aún después que la sentencia pasó por el Juez Morales en La Rioja, la jerarquía eclesiástica continuó evitando hacer
referencia al asesinato.

El 2 de agosto de 2006, dos días antes del 30º aniversario de su asesinato, el expresidente
de Argentina, Néstor Kirchner, firmó un decreto declarando al 4 de agosto día nacional de
duelo, dando un discurso en la Casa Rosada "conmemorando a los religiosos que fueron
víctimas del terrorismo de Estado";. Estela Carlotto, de Abuelas de Plaza de Mayo que
escuchó misa en homenaje al obispo Angelelli, dijo atendiendo al velado"homenaje" de la
jerarquía católica: "No quiero que Monseñor sea hecho una estampa. Él está vivo en nuestra
memoria".

El día del aniversario, el cardenal Jorge Bergoglio dio misa en la catedral de La Rioja en
memoria de Angelelli. En su homilía él dijo de Angelelli "removió piedras que cayeron sobre
él por proclamar el Evangelio, y se empapó de su propia sangre", pero no hizo mención
explícita de la participación de la dictadura en el crimen.

Bergoglio sentenció con Tertuliano "[la] sangre de los mártires [es la] semilla de la Iglesia".
Así, fue la primera palabra oficial de la Iglesia Argentina sobre Angelelli, y la primera vez que
se lo invocaba mártir.

Después de la misa, 2.000 personas (incluyendo al gobernador de La Rioja, Ángel Maza)
rindieron homenaje a Angelelli en Punta de los Llanos, donde se produjo el crimen. Angelelli
formó parte, junto a Carlos Horacio Ponce de León, Jorge Novak, Jaime de Nevares y
Miguel Hesayne, de los obispos que denunciaron con más energía las violaciones a los
Derechos Humanos durante la dictadura.

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